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Reaseguro y catástrofes naturales: por qué 2026 exige más seguridad

Munich Re, Swiss Re post-2024. Cómo endurecieron los términos.

Dr. Raphael Nagel

Dr. Raphael Nagel

11 de agosto de 2025

Reaseguro y catástrofes naturales: por qué 2026 exige más seguridad

El reaseguro dejó de ser una capa silenciosa del sistema asegurador para convertirse en el factor que determina, hoy, qué se cubre, a qué precio y bajo qué condiciones se cubre la actividad industrial, la construcción y la logística en España y en el resto de Europa.

Durante años, el discurso comercial trató el reaseguro como una caja negra reservada a los actuarios. Los compradores de pólizas, ya fueran constructoras, operadores logísticos o industrias intensivas en capital, recibían sus condiciones con un margen de negociación amplio y la sensación de que el ciclo era predecible. Esa percepción se ha roto. Después de las temporadas de catástrofes naturales de 2023 y 2024, los grandes reaseguradores europeos, en particular Munich Re y Swiss Re, han endurecido los términos de un modo que no se veía desde principios de los años dos mil, y los efectos llegan ahora, con retraso, a la mesa del director financiero y del responsable de seguros corporativos.

El ciclo de reaseguro se ha endurecido de forma estructural

Lo que ha ocurrido en el reaseguro entre 2023 y 2025 no es un endurecimiento cíclico de los que la industria acostumbra a digerir cada cinco o siete años. Es un reajuste estructural de la percepción del riesgo. Munich Re ha comunicado en sus informes anuales que las pérdidas aseguradas por catástrofes naturales han superado de forma sostenida el umbral de los cien mil millones de dólares globales desde 2021, con 2024 marcando uno de los registros más altos de la serie histórica. Swiss Re Institute, en sus publicaciones sobre sigma, ha documentado la misma tendencia, con un peso creciente de las pérdidas secundarias, esto es, granizo, inundación pluvial, tormenta convectiva severa, frente a las pérdidas primarias asociadas a huracanes y terremotos.

La consecuencia operativa es directa. Las renovaciones de los tratados de reaseguro de enero de 2024 y enero de 2025 han incorporado tres ajustes simultáneos. Primero, una elevación de los puntos de retención, lo que significa que los aseguradores primarios deben absorber una franja mayor de pérdida antes de que entre el reaseguro. Segundo, una recalibración de las primas, con incrementos que en algunas líneas y geografías han superado el cincuenta por ciento sobre las condiciones de 2022. Tercero, y este es el punto que muchos compradores corporativos todavía no han internalizado, una redefinición de las exclusiones y de las condiciones contractuales, con cláusulas más estrictas sobre inundación, sequía, granizo y eventos en cadena.

El director de un reasegurador continental no necesita justificar estas decisiones ante el mercado español. Las justifica ante su propio consejo, que mide la suficiencia del capital frente a escenarios que en 2018 se consideraban improbables y que en 2024 se han materializado dos veces en doce meses. La DANA del Levante español de octubre de 2024 es uno de esos eventos. Las inundaciones en el sur de Alemania de junio de 2024, otro. Y la temporada de tormentas en el corredor Italia-Eslovenia-Austria, un tercero. Cada uno de ellos ha consumido capital de reaseguro que ahora se está reponiendo con primas más altas y con condiciones más restrictivas.

Lo que llega al asegurador primario llega al cliente final con un decalaje de uno a tres trimestres. Quien renueva su póliza de daños materiales o de pérdida de beneficios en el primer trimestre de 2026 va a encontrar un mercado distinto al de 2023, no en matices, sino en la lógica entera de la suscripción.

La transmisión al asegurador primario y al cliente corporativo

El asegurador primario español opera atrapado entre dos presiones. Por un lado, sus reaseguradores le exigen mejores carteras, retenciones más altas y primas que reflejen el coste real del capital ajeno. Por otro lado, su cliente corporativo, ya sea una constructora de tamaño medio, una industria química, un operador logístico o una infraestructura crítica, llega a la renovación con la expectativa de continuidad. Esa expectativa ya no se sostiene.

Unespa, la patronal del sector asegurador en España, ha publicado en sus informes anuales datos que confirman la presión. La siniestralidad climática ha crecido en términos absolutos y, lo más relevante, ha crecido en frecuencia. Los siniestros de granizo, lluvia torrencial e inundación pluvial, antes excepcionales, se han vuelto eventos recurrentes en zonas que históricamente se consideraban de bajo riesgo. El Consorcio de Compensación de Seguros absorbe una parte importante de estas pérdidas en España, pero no todas. Las pólizas corporativas de grandes riesgos, las que cubren obras civiles, plantas industriales y centros logísticos, dependen del mercado privado, y ese mercado se está reorganizando.

Lo que el cliente corporativo va a notar en 2026 es una combinación de cuatro elementos. Primas más altas, en magnitudes que varían según sector y geografía pero que en líneas vinculadas a catástrofes naturales pueden superar el veinte por ciento sobre la renovación previa. Franquicias más elevadas, con saltos que en algunos casos multiplican por dos o por tres el tramo que el asegurado debe absorber antes de que la cobertura entre en juego. Sublímites más restrictivos para perils secundarios, en particular granizo, inundación pluvial y daños por viento no huracanado. Y, en los casos más delicados, exigencias documentales y técnicas que antes eran recomendaciones y ahora son condiciones de suscripción.

Este último punto es el que más interesa a un fabricante de tecnología de seguridad como nosotros. El asegurador ya no se contenta con la declaración del riesgo. Pide evidencia. Pide cómo se monitoriza el emplazamiento, qué sistemas de detección temprana existen, cómo se documenta el ciclo de vida de la obra o de la planta, qué tiempo de respuesta se garantiza ante un evento. La póliza se ha convertido en un contrato técnico, no en un contrato meramente económico. Quien no puede acreditar control, paga más o no se cubre.

La frontera entre asegurable y no asegurable se desplaza

Hay una conversación que está ocurriendo en los comités de suscripción de los grandes aseguradores europeos y que todavía no ha llegado al debate público español con la claridad que merece. Es la conversación sobre los riesgos que están saliendo del perímetro de lo asegurable.

Munich Re y Swiss Re han comunicado de forma explícita en sus informes que ciertas geografías y ciertas tipologías de riesgo están alcanzando umbrales en los que el aseguramiento, en términos económicos racionales, deja de ser viable. No se trata de una retirada general del mercado. Se trata de un endurecimiento selectivo, geografía por geografía, sector por sector. Zonas de alta exposición a inundación fluvial, emplazamientos en valles de tormenta convectiva, instalaciones expuestas a sequía prolongada con efectos en cadena sobre suministro hídrico, todas ellas están viendo cómo las condiciones de cobertura se restringen.

ENISA, en su trabajo sobre cadenas de suministro críticas, y CNPIC, en sus directrices sobre infraestructuras críticas, llevan dos años señalando la convergencia entre riesgo físico, riesgo climático y riesgo operativo. Lo que el sector asegurador está incorporando en su suscripción es exactamente esa convergencia. Una planta industrial que depende de un suministro eléctrico estable, en una zona expuesta a tormentas con cortes recurrentes, ya no se evalúa solo por su valor de reposición. Se evalúa por la probabilidad combinada de un evento físico, una pérdida operativa y una cascada de incumplimientos contractuales aguas abajo.

Para el comprador de pólizas, esto significa que la conversación con el asegurador en 2026 no va a girar solo sobre prima y franquicia. Va a girar sobre qué medidas de mitigación está dispuesto a implementar el asegurado para que el riesgo siga siendo aceptable. Y aquí entra la tecnología de seguridad, la monitorización continua, la videoanalítica con detección de eventos anómalos, la robótica de patrullaje que documenta el estado de la instalación en tiempo real. No como argumentos de marketing, sino como condiciones de suscripción.

Construcción, industria y logística: los tres frentes más expuestos

Tres sectores concentran la presión que el endurecimiento del reaseguro está trasladando al mercado primario en España. La construcción es el primero. Una obra civil de tamaño medio o grande es, por definición, un emplazamiento abierto, con valor expuesto creciente a lo largo del ciclo del proyecto, con personal rotatorio y con vulnerabilidad alta a eventos meteorológicos extremos. El robo de material y maquinaria sigue siendo un problema clásico, pero el problema nuevo es la concatenación entre evento climático y daño material, con consecuencias en plazo y en pérdida de beneficios para el promotor.

La industria es el segundo frente. Plantas químicas, instalaciones de proceso continuo, almacenes con producto sensible a temperatura o humedad. El asegurador ya no acepta como suficiente la simple declaración de existencia de un plan de emergencia. Pide evidencia de que el plan se ejecuta, de que los sistemas de detección están operativos, de que la respuesta ante una alarma está documentada y es trazable. La logística es el tercero. Centros de distribución, plataformas multimodales, instalaciones de gran superficie con valor concentrado. Aquí el riesgo de granizo sobre cubierta y el riesgo de inundación pluvial sobre solera están reescribiendo la lógica de la suscripción.

En los tres sectores, el patrón es el mismo. El asegurador quiere saber cómo se vigila el emplazamiento, qué tiempo de detección se garantiza ante un evento, cómo se documenta lo que ocurre fuera del horario de presencia humana, qué capacidad de respuesta hay desde la detección hasta la primera intervención. Estas son preguntas que un sistema de videoanalítica con inteligencia artificial bien diseñado, complementado con torres móviles de vigilancia y, en su caso, con robótica de patrullaje, puede responder con datos, no con declaraciones. Esa diferencia entre dato y declaración es, en 2026, la frontera entre una renovación aceptable y una renovación cara o denegada.

En el libro BOSWAU + KNAUER. Del oficio constructor a la tecnología de seguridad, el argumento central es precisamente este: la seguridad ha pasado de ser un coste discutido a ser una inversión que se justifica en la cuenta de resultados a través de varios canales, y uno de los canales más relevantes en el ciclo actual es la prima de seguro. La empresa que puede acreditar control documentado de sus emplazamientos negocia condiciones distintas. La que no puede, paga la diferencia.

La asimetría documental entre asegurador y asegurado

Hay una asimetría que el endurecimiento del reaseguro ha puesto en evidencia y que merece tratamiento aparte. El asegurador, presionado por su propio reasegurador, ha invertido en capacidades analíticas para evaluar el riesgo con un nivel de detalle que hace cinco años no existía. Modelos catastróficos calibrados con datos de sensores, imágenes satelitales actualizadas con frecuencia mensual, modelos hidrológicos a escala de microcuenca, mapas de exposición a tormenta convectiva con resolución kilométrica. El asegurador llega a la mesa de renovación con un dosier sobre el riesgo del cliente que, en muchos casos, supera la información que el propio cliente tiene sobre sí mismo.

El asegurado, en cambio, sigue acudiendo a la renovación con la documentación clásica. Valor asegurado, descripción de la actividad, historial de siniestros de los últimos tres a cinco años, declaración de medidas de protección existentes. Esa asimetría es la que está produciendo, en muchas renovaciones, la sensación de que la negociación se ha vuelto unilateral. No es exactamente unilateral. Es asimétrica en información, y la información, en seguros, es prima.

La forma de cerrar esa asimetría no es producir más papel. Es producir datos verificables sobre el funcionamiento real de las medidas de control. Un sistema de vigilancia que genera bitácoras automáticas de eventos, una plataforma de videoanalítica que documenta la actividad nocturna del emplazamiento sin intervención humana, una flota de cámaras y sensores que produce un histórico continuo del estado de la instalación. Esto es información que el asegurado puede llevar a la mesa de renovación con valor probatorio. AEPD ha establecido el marco para que esta información se gestione conforme a la normativa de protección de datos, y los aseguradores europeos están adaptándose a recibir datos en formato estructurado que se integran en sus propios modelos.

El asegurado que llega a 2026 con esta capacidad negocia. El asegurado que no la tiene acepta lo que le ofrecen, o busca cobertura en mercados secundarios con condiciones peores. La diferencia económica acumulada en un ciclo de tres años puede ser equivalente a la inversión en la propia infraestructura de monitorización. Esa es la lógica que un director financiero entiende sin necesidad de explicación adicional.

Lo que recomienda el fabricante a quien va a renovar en 2026

La recomendación que un fabricante de tecnología de seguridad puede ofrecer a quien afronta una renovación de pólizas en 2026 no es genérica. Es operativa. Hay tres movimientos que producen efecto antes de la fecha de renovación, y conviene ordenarlos por su impacto.

El primero es el diagnóstico documental del estado actual. Antes de invertir un euro en tecnología nueva, conviene saber qué tiene el emplazamiento, qué funciona, qué está obsoleto, qué huecos existen entre lo declarado en la póliza vigente y lo realmente operativo. Una auditoría técnica de tres a cinco días produce, normalmente, un mapa de hallazgos que permite priorizar inversión sin desperdicio. El segundo movimiento es la implementación de capacidades de monitorización continua en las zonas críticas. No se trata de cubrir todo, sino de cubrir lo que el asegurador va a evaluar. Esto incluye videoanalítica con detección de eventos, registro automático de actividad, integración con central de alarmas y, en su caso, robótica de patrullaje para emplazamientos extensos. El tercer movimiento es la documentación del funcionamiento durante un periodo suficiente, idealmente noventa días, para llegar a la renovación con datos reales, no con promesas.

Estos tres movimientos se corresponden, en el modelo de trabajo que BOSWAU + KNAUER ofrece a sus interlocutores, con los tres caminos descritos en el libro. La conversación confidencial de sesenta minutos sirve para ordenar el diagnóstico inicial y entender si el cliente tiene un problema asegurador, un problema técnico o ambos. La auditoría de tres a cinco días entrega el mapa documental que el cliente puede llevar tanto al asegurador como al consejo. El piloto de noventa días produce los datos que cambian la posición negociadora en la renovación. Quien afronta enero de 2026 sin haber recorrido al menos uno de estos tres caminos llega a la mesa con menos información que la otra parte. La conversación, en esas condiciones, no es una negociación. Es una notificación de condiciones.

Lo que permanece

El endurecimiento del reaseguro europeo no es un fenómeno pasajero. Es la traducción contable de un cambio estructural en el riesgo físico, climático y operativo que afecta a la construcción, la industria y la logística en España. Munich Re y Swiss Re han recalibrado sus modelos, los aseguradores primarios están trasladando esa recalibración a sus clientes, y el cliente corporativo que renueva en 2026 va a encontrarse con un mercado que pide evidencia técnica donde antes aceptaba declaraciones.

La respuesta sensata no es la indignación ni la búsqueda de un asegurador alternativo que ofrezca condiciones más laxas. Los aseguradores que ofrecen condiciones laxas en este ciclo son, en muchos casos, los que no van a estar en el mercado en el siguiente. La respuesta sensata es producir, dentro de la propia organización, la información que el mercado pide. Esto se hace con tecnología de seguridad bien dimensionada, con documentación continua del funcionamiento de los emplazamientos, y con una conversación con el asegurador que se apoya en datos verificables y no en presentaciones comerciales. Quien quiera empezar por la conversación confidencial de sesenta minutos puede hacerlo. Quien prefiera empezar por la auditoría técnica, también. El piloto de noventa días está disponible para quien ya tiene claro que la renovación de 2026 va a ser distinta y quiere llegar con argumentos.

Preguntas frecuentes

¿Cómo afectan los reaseguros al asegurador primario?

El reasegurador define, en buena medida, el coste del capital ajeno que el asegurador primario utiliza para suscribir riesgos grandes. Cuando el reasegurador eleva primas, sube retenciones y endurece exclusiones, el asegurador primario tiene tres opciones: absorber el coste reduciendo margen, trasladarlo al cliente final, o restringir su apetito de suscripción. En el ciclo 2024-2026, los tres movimientos están ocurriendo en paralelo. El cliente corporativo nota el efecto en primas más altas, franquicias mayores y condiciones técnicas más exigentes en la renovación de sus pólizas de daños materiales y pérdida de beneficios.

¿Qué cambió entre 2024 y 2025?

Las renovaciones de tratados de enero de 2024 y enero de 2025 incorporaron tres ajustes que no son coyunturales. Munich Re y Swiss Re elevaron retenciones, recalibraron primas con incrementos sostenidos y redefinieron exclusiones para perils secundarios como granizo, inundación pluvial y tormenta convectiva. Eventos como la DANA del Levante español de octubre de 2024 y las inundaciones de Alemania de junio de 2024 consumieron capital que se está reponiendo bajo condiciones más estrictas. El efecto en el mercado primario español se nota con un decalaje de uno a tres trimestres, y llega con plenitud a las renovaciones de 2026.

¿Qué sectores son los más afectados?

Tres sectores concentran la presión en España. La construcción, por la exposición de obras abiertas con valor creciente y vulnerabilidad meteorológica. La industria, especialmente plantas químicas y de proceso continuo, donde el asegurador exige evidencia operativa de detección y respuesta. La logística, con centros de distribución y plataformas multimodales expuestos a granizo sobre cubierta e inundación pluvial sobre solera. En los tres casos, el asegurador pide acreditación documental del control real del emplazamiento, no declaraciones genéricas, y esa exigencia está reescribiendo el coste y las condiciones de cobertura.

¿Qué se recomienda?

Tres movimientos antes de la renovación de 2026. Primero, un diagnóstico documental del estado actual de las medidas de seguridad y de la coherencia entre lo declarado en póliza y lo realmente operativo. Segundo, la implementación de capacidades de monitorización continua, videoanalítica, registro automático y, en emplazamientos extensos, robótica de patrullaje, focalizadas en las zonas que el asegurador evalúa con más detalle. Tercero, la documentación del funcionamiento durante un periodo suficiente, idealmente noventa días, para llegar a la mesa de renovación con datos verificables. El asegurado que aporta datos negocia. El que aporta declaraciones acepta lo que le ofrecen.

Dr. Raphael Nagel

Sobre el autor

El Dr. Raphael Nagel (LL.M.) es socio fundador de Tactical Management. Adquiere y reestructura empresas industriales en mercados exigentes y escribe sobre capital, geopolítica y transformación tecnológica. raphaelnagel.com

Desde 1892.

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