BOSWAU + KNAUER
Todos los artículos

Blog

Robots de seguridad en parques eólicos marinos: SASEMAR y límites reales

SASEMAR, IEC 61400, ambientes salinos. Por qué la robótica offshore es un mundo distinto.

Dr. Raphael Nagel

Dr. Raphael Nagel

22 de mayo de 2025

Robots de seguridad en parques eólicos marinos: SASEMAR y límites reales

La robótica de seguridad en parques eólicos marinos no es una extensión natural de la robótica terrestre, es un mundo distinto con reglas propias, y quien lo trate como un caso particular del onshore va a pagar la diferencia en chatarra y en informes a la aseguradora.

Esta frase no nace de la teoría. Nace de haber visto cómo se comportan plataformas, sensores y carcasas cuando el salitre lleva ocho meses trabajando sobre ellos sin pausa, cuando la humedad relativa no baja del noventa por ciento durante semanas, y cuando una tormenta del noroeste deja sin acceso a una subestación marítima durante cinco días. El operador que ha pasado por esa secuencia sabe que la conversación sobre robótica offshore empieza donde termina la mayoría de los catálogos. Empieza con SASEMAR, con la norma IEC 61400-3 para aerogeneradores marinos, con la corrosión como variable principal de diseño y con una cadena de mantenimiento que se mide en ventanas meteorológicas, no en horas de servicio.

Por qué el offshore no es onshore con sal

Hay una tentación recurrente en el sector. Tomar un robot diseñado para vigilancia perimetral en una nave logística, añadirle una carcasa con un grado de protección más alto, etiquetarlo como apto para entornos costeros y presentarlo a un parque eólico marino. La tentación es comprensible, porque el coste de desarrollar una plataforma específica para offshore es de un orden de magnitud distinto. La consecuencia también es comprensible. El equipo dura entre tres y nueve meses, según la rotación de las tormentas y la cercanía a la superficie del agua, y luego entra en una espiral de fallos que ya no se compensa con mantenimiento preventivo.

El offshore no es onshore con sal. Es una combinación de factores que actúan a la vez y que no se pueden separar para diseñar. La humedad relativa se mantiene en valores que en tierra solo se ven durante tormentas excepcionales. El aerosol salino penetra en cualquier junta que tenga más de unas micras de tolerancia, y lo hace de forma continua, no episódica. Las temperaturas oscilan menos que en tierra, pero los gradientes térmicos entre la cara de barlovento y la cara de sotavento de cualquier estructura generan condensación interna que ningún ensayo de cámara climática reproduce con fidelidad. Las vibraciones del aerogenerador, transmitidas por la torre hasta la base, tienen frecuencias propias que entran en resonancia con componentes electrónicos que en tierra nunca verían esos espectros.

A esto se suma la cuestión del acceso. Un robot terrestre que falla en un polígono industrial recibe mantenimiento en cuestión de horas. Un robot en una subestación offshore o en la plataforma de un aerogenerador marino depende de una ventana meteorológica que puede tardar días o semanas en abrirse. La indisponibilidad no es un problema operativo, es un problema contractual. Los acuerdos de nivel de servicio que funcionan en tierra son insostenibles en alta mar si no se rediseñan con la lógica de las operaciones marítimas. La conclusión es directa. Quien quiera ofrecer robótica de seguridad para parques eólicos marinos tiene que diseñar desde cero, con materiales, electrónica, procedimientos de mantenimiento y modelos contractuales pensados para el medio.

Qué exige SASEMAR y dónde se cruza con la vigilancia privada

La Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima, SASEMAR, depende del Ministerio de Transportes y tiene competencias sobre la seguridad de la vida humana en la mar, la prevención de la contaminación marina y el control del tráfico marítimo en aguas españolas. Cualquier instalación industrial fija en aguas jurisdiccionales españolas, incluidos los futuros parques eólicos marinos en las zonas habilitadas por los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo, queda dentro del perímetro de actuación de SASEMAR para todo lo relativo a salvamento, contraincendios marítimos y coordinación de emergencias.

Esto tiene consecuencias prácticas para la robótica de seguridad. Un sistema robótico que detecta una intrusión, un principio de incendio o una situación anómala en una subestación marítima no puede operar como si estuviera en tierra firme. La coordinación con SASEMAR a través de los Centros de Coordinación de Salvamento Marítimo es obligatoria en cuanto la situación trasciende la respuesta interna del operador. Los protocolos de comunicación, los formatos de notificación y los tiempos de respuesta están definidos en el Plan Nacional de Salvamento y en los planes interiores marítimos de cada instalación. El robot, o más exactamente el sistema que el robot alimenta, tiene que estar diseñado para producir información que encaje en esos protocolos sin reelaboración manual.

A esto se añade la dimensión de protección de infraestructuras críticas. Los parques eólicos marinos, una vez en operación a escala industrial, encajan en la definición de infraestructura estratégica del CNPIC en el ámbito energético. Esto activa obligaciones de plan de seguridad del operador, de plan de protección específico y de coordinación con el CNPIC para los escenarios de amenaza que excedan el riesgo común. La robótica de seguridad no es aquí una opción técnica entre varias, es uno de los pocos medios viables para mantener vigilancia continua sobre plataformas situadas a distancias de la costa que hacen inviable la presencia humana permanente.

El cruce entre SASEMAR, CNPIC y los operadores privados de seguridad no está completamente codificado todavía. El sector eólico marino español está en la fase previa al despliegue industrial, y los marcos de coordinación se están escribiendo en paralelo a los primeros proyectos. Quien entre en este mercado tiene que entrar con la disposición a participar en esa codificación, no solo a cumplirla cuando esté escrita.

La corrosión como variable principal de diseño

En tierra, la corrosión es una variable de mantenimiento. En alta mar, es la variable principal de diseño. Esta diferencia determina la arquitectura completa del sistema, desde la elección del material de la carcasa hasta la topología de la electrónica interna y la frecuencia de las inspecciones.

La norma ISO 12944, en su parte 9 dedicada a sistemas de protección anticorrosiva para estructuras offshore, define categorías de corrosividad que en zonas de salpicadura y atmósfera marina alcanzan los niveles más altos, CX e Im4. Estas categorías exigen sistemas de pintura con espesores totales que en tierra serían desproporcionados, recubrimientos epoxídicos reforzados, capas de imprimación con zinc y acabados de poliuretano alifático que añaden peso y modifican las propiedades térmicas del conjunto. Un robot diseñado para esta clasificación no es un robot terrestre con pintura especial, es una máquina con una distribución de masa y una disipación de calor distintas.

La electrónica interior requiere un tratamiento aparte. Las placas tienen que ir conformal coated con barnices que resisten la humedad continua y los ciclos de condensación. Los conectores estancos deben cumplir IP68 como mínimo, y en zonas de inmersión parcial intermitente, IP69K. Los rodamientos, juntas y elementos móviles tienen que estar diseñados para no requerir lubricación con frecuencias superiores a las ventanas de mantenimiento previstas, lo que en muchos casos significa rodamientos cerámicos o aceros inoxidables específicos como el 254 SMO o el AL-6XN, no los inoxidables comunes 316L que se corroen en zonas de aireación diferencial.

La parte más exigente es el diseño térmico. Una carcasa estanca y bien sellada se convierte en una cámara de condensación si no se gestiona la diferencia entre la temperatura interna generada por la electrónica y la temperatura externa, que en mar abierto puede ser estable durante semanas. Hay tres aproximaciones viables. La primera, sellado total con presurización por gas inerte, que es cara y exige verificación periódica. La segunda, ventilación filtrada con desecantes regenerables, que funciona pero introduce una vía de entrada para el aerosol salino. La tercera, gestión activa por condensador interno, que consume energía pero permite mantener un ambiente interno estable. Cada una tiene su sitio, y la elección depende del perfil de misión del robot, no de una preferencia abstracta del fabricante.

La ventana de mantenimiento como variable contractual

En los entornos industriales terrestres, el mantenimiento de un sistema de seguridad robótica se planifica en horas. Una avería en un robot de vigilancia perimetral en un centro logístico continental tiene una respuesta de servicio de cuatro u ocho horas, según el contrato, y esa respuesta es ejecutable con previsibilidad razonable. En offshore esto no funciona así.

El acceso a un parque eólico marino depende de las condiciones de mar. Las embarcaciones de transferencia de personal, las llamadas CTV, operan con límites operativos de altura significativa de ola que típicamente se sitúan entre uno y dos metros, según el modelo de buque y el sistema de transferencia. Por encima de esos valores, el acceso no es posible. En zonas del Mediterráneo occidental o del Atlántico cantábrico, esto puede significar ventanas cerradas durante varios días seguidos en invierno. El acceso por helicóptero existe pero tiene un coste que no encaja en la economía de un mantenimiento correctivo rutinario.

La consecuencia es que el sistema robótico tiene que estar diseñado para una autonomía operativa de varias semanas sin intervención humana, con redundancia interna en los subsistemas críticos y con capacidad de degradación controlada cuando un componente falla. El concepto de mantenimiento preventivo se sustituye por el de mantenimiento basado en condición, alimentado por la propia sensórica del robot. Esto exige una arquitectura de datos que reporte en continuo el estado de salud de cada subsistema y un modelo predictivo que anticipe los fallos con suficiente margen para programar la intervención en la siguiente ventana meteorológica favorable.

El contrato de servicio refleja esta realidad. No se vende disponibilidad medida en horas, se vende disponibilidad medida en porcentaje sobre periodo, con cláusulas específicas para ventanas meteorológicas cerradas y con primas asociadas a la rapidez de respuesta cuando la ventana se abre. El operador del parque eólico no acepta un contrato escrito con la lógica del onshore, y el fabricante que llegue con esa lógica no firmará. Esta es una de las razones por las que la robótica offshore es un mercado de pocos jugadores y de barreras de entrada altas. No es la tecnología la que selecciona, es la estructura contractual.

Quién paga, quién opera y quién responde

La economía de la robótica de seguridad en parques eólicos marinos se distribuye entre tres actores que no siempre coinciden. El propietario del parque, que financia la inversión y tiene la responsabilidad última frente a la administración. El operador, que ejecuta el mantenimiento del parque y suele subcontratar la seguridad. Y el proveedor de seguridad, que opera el sistema y responde ante el operador.

Esta distribución importa porque determina dónde se sitúa la decisión de invertir en robótica avanzada. El propietario tiene un horizonte de veinticinco a treinta años, que es la vida útil prevista del parque. El operador trabaja con contratos de cinco a diez años. El proveedor de seguridad puede tener contratos anuales o bianuales. La inversión en robótica tiene sentido económico para el propietario, viabilidad técnica bajo el operador y ejecución material por parte del proveedor de seguridad. Cuando los tres horizontes no se alinean, la inversión se posterga.

La salida pasa por modelos contractuales que distribuyan el coste y el beneficio a lo largo de la cadena. El propietario aporta la inversión inicial o subvenciona la diferencia entre una solución convencional y una robótica. El operador integra la robótica en su contrato de mantenimiento integral. El proveedor de seguridad opera el sistema con un acuerdo de servicio plurianual que justifica la curva de aprendizaje. Estos modelos existen en otros sectores, sobre todo en oil and gas offshore, y se están adaptando al eólico marino. España, que parte sin un parque significativo en operación, tiene la ventaja de poder importar los modelos contractuales maduros de Reino Unido, Países Bajos y Alemania, donde el sector lleva ya más de una década operando a escala industrial.

La responsabilidad frente a SASEMAR, CNPIC y el resto de autoridades recae sobre el propietario, con independencia de cómo se haya distribuido la operación. Esto significa que el propietario tiene un incentivo directo a exigir que el sistema robótico esté diseñado y operado con los estándares más altos, porque las consecuencias de un fallo, un incidente ambiental o una intrusión no se externalizan. Esta es la palanca que sostiene la economía de la robótica seria en este sector. Sin esa palanca, el mercado se desplazaría hacia soluciones más baratas y menos fiables.

Lo que permanece

Los parques eólicos marinos van a ser una infraestructura crítica del sistema energético español durante las próximas décadas. La robótica de seguridad va a formar parte de su operación, no porque sea una moda tecnológica, sino porque las características del medio hacen inviables las alternativas basadas en presencia humana continua. Quien diseñe, fabrique y opere esos robots tendrá que hacerlo con un entendimiento profundo del medio marino, de los protocolos de SASEMAR, de los requisitos del CNPIC y de las normas técnicas que rigen los aerogeneradores marinos, en particular la IEC 61400-3 y la familia ISO 19900 para estructuras offshore.

La industria española tiene una ventaja relativa. La experiencia naval, la tradición de Navantia y de la ingeniería offshore en Galicia, el conocimiento acumulado en el sector de oil and gas en el norte de África, y la presencia de fabricantes de aerogeneradores con sede en España, configuran una base industrial sobre la que se puede construir una capacidad propia. La robótica de seguridad puede ser una de las piezas en las que esa industria se diferencie, si se aborda con la seriedad que el medio exige. El libro "BOSWAU + KNAUER. Del oficio constructor a la tecnología de seguridad" describe esa lógica en otros sectores, y la conclusión es transferible. Se construye desde la práctica, no desde la presentación.

Para quien esté evaluando una posición en este mercado, ya sea como propietario, operador o proveedor de seguridad, el primer paso útil no es una demostración tecnológica, es una conversación confidencial de sesenta minutos sobre la situación concreta de la instalación o del proyecto. Ese es el Camino I que el Dr. Nagel ofrece en su libro, y es el formato que mejor encaja con la fase actual del sector eólico marino español. De ahí, según la madurez del proyecto, se puede pasar a una auditoría de tres a cinco días sobre un emplazamiento concreto, o a un piloto de noventa días que permita evaluar la integración de la robótica en el conjunto del sistema de seguridad.

Preguntas frecuentes

¿Funcionan los robots en alta mar?

Sí, pero solo aquellos diseñados específicamente para el medio marino. Los robots de vigilancia diseñados para entornos industriales terrestres no resisten más de unos meses en alta mar, incluso con grados de protección elevados. La diferencia está en los materiales, el tratamiento anticorrosivo según ISO 12944 categoría CX, la gestión térmica interna, los rodamientos y las juntas. Un robot ofrecido como apto para offshore tiene que documentar ensayos de envejecimiento acelerado y referencias operativas en instalaciones marítimas. Sin esa documentación, la oferta es comercial, no técnica.

¿Qué exige SASEMAR?

SASEMAR exige que cualquier instalación industrial en aguas jurisdiccionales españolas esté integrada en los protocolos de salvamento, emergencias y coordinación marítima a través de los Centros de Coordinación. Para un parque eólico marino, esto significa que el sistema de seguridad debe producir notificaciones en formatos compatibles con los procedimientos de SASEMAR, mantener comunicación con los CCS y coordinar con las autoridades en situaciones que excedan la respuesta interna. La robótica de seguridad no opera de forma aislada, alimenta un sistema más amplio que incluye al operador, a SASEMAR y, en escenarios de protección crítica, al CNPIC.

¿Cómo se gestiona la corrosión?

La corrosión es la variable principal de diseño, no una variable de mantenimiento. Se gestiona con materiales específicos como aceros inoxidables 254 SMO o AL-6XN en lugar de 316L, recubrimientos según ISO 12944 categoría CX con espesores totales superiores a los terrestres, conformal coating en toda la electrónica, conectores IP68 o IP69K, y arquitecturas térmicas que evitan la condensación interna. El mantenimiento no elimina la corrosión, la ralentiza. El diseño es lo que determina si el robot dura dos años o diez en condiciones offshore. Esta es la diferencia entre proveedores serios y proveedores oportunistas.

¿Quién paga el mantenimiento?

En la práctica, el propietario del parque eólico lo financia, el operador lo gestiona dentro de su contrato de mantenimiento integral, y el proveedor de seguridad lo ejecuta sobre el sistema robótico. El reparto exacto depende del modelo contractual, pero el incentivo económico para invertir en mantenimiento de calidad recae en el propietario, porque la responsabilidad última frente a SASEMAR, CNPIC y el resto de autoridades es suya. Los contratos plurianuales con cláusulas específicas para ventanas meteorológicas son la fórmula que sostiene una economía viable en este segmento.

Dr. Raphael Nagel

Sobre el autor

El Dr. Raphael Nagel (LL.M.) es socio fundador de Tactical Management. Adquiere y reestructura empresas industriales en mercados exigentes y escribe sobre capital, geopolítica y transformación tecnológica. raphaelnagel.com

Desde 1892.

Se contacta la casa a través de boswau-knauer.de o en el +49 711 806 53 427.